revista nº 156. QUE MAL CUANDO NO SE SABE

Ninguno de nosotros aceptaría que un carpintero nos entregara una silla sin patas o que el médico nos aplicara una inyección sin saber el diagnóstico. Es elemental. Cada uno tiene su competencia, habilidad, profesionalidad y, algunos más otros menos, pretendemos practicarla. Esto no significa que no cometamos errores. Faltaría más. Pero, de buena fe y aceptando la rectificación cuando corresponde. Esto es la vida, señores y señoras. El que sea mejor no signifique que sea infalible.

El problema es cuando uno se equivoca porque no sabe y no cambia porque entiende que lo que está haciendo es lo correcto. Aquí no hay salida. Hay que cambiar de profesional, si se puede, u olvidarse del que sufrimos.

Hay una premisa indiscutible. La recesión económica supone menos ingresos públicos y esto se produce porque baja el ahorro, la inversión, el consumo. Cierran empresas, aumenta el paro. En una palabra o alguien echa combustible en la máquina o la máquina se para. El único que puede hacerlo es el sector público. Y lo puede hacer de dos modos: aumenta el gasto público para sostener el mercado o disminuye los impuestos, para reactivarlo. O, a la vez reparte el máximo de gasto y aplica el mínimo de impuestos. Porque sabe que una vez que la economía, a trancas y barrancas, comienza a funcionar, aumentarán los ingresos públicos automáticamente y podrá limitar el gasto público.

Lo que desde Keynes hasta ahora no se practica es lo contrario: restringir el gasto público y aumentar los impuestos, porque con esto se deprime aún más el sistema económico.

Aquí estamos. El gobierno es el mal profesional que no sabe y persiste en el error.

No deja de ser patético que se diga, en público, que el aumento del IVA, impuesto general sobre el consumo, supone gravar a las rentas más elevadas y que su contribución es un deber de solidaridad. O que, el aumento de la renta del ahorro grava las fortunas más elevadas, que, tienen su protección en la sociedad de inversión de capital variable (SICAV) que tributan al 1% en el Impuesto sobre Sociedades.

¿Por qué el gobierno no afronta a la vez los dos problemas fiscales inmediatos que tiene?

Primero, si necesita 15.000 de euros ahora que aplique una regularización fiscal al estilo de la de Solchaga en los 90.O sea, afloración de dinero oculto a través de la compra de deuda pública a un tipo de interés mínimo y con la obligación de mantenerla durante, al menos, 4 años. Esto serviría para consolidar el equilibrio presupuestario, beneficiar a los que están dispuestos a entrar en la fisiología del sistema tributario y utilizar la deuda pública para financiarse.

Segundo, ya lo hemos dicho, el recurso al Impuesto sobre las Superrentas, que grave exclusivamente a los altos directivos de la banca, caja de ahorros, compañía de seguros, empresas inmobiliarias de determinadas dimensiones, que aprovecharon y causaron la crisis actual. Un impuesto radiográfico que no admite escondites, porque lleva nombres y apellidos y está bendecido por la mejor doctrina tributaria (Grizzioti, Jarach, Hogdson).

Tercero, también, excluir el paro del IRPF y las indemnizaciones laborales por despido.

No tiene ningún sentido tocar el IVA ni incrementar las rentas del ahorro, porque seguramente afecta a la masa de población que aún hoy tiene sus cuentas en el sistema financiero local, en lugar de entidades offshore.

El déficit público no tiene ninguna importancia porque, como dice el G-20, no ha llegado todavía el momento de retirar los estímulos de política fiscal.

El gobierno contra esa opinión, la del FMI, del Banco Mundial, piensa lo contrario. Pregunta de examen:¿Ud. Quien cree que se equivoca?.

TULIO ROSEMBUJ

Catedrático de Derecho Financiero y Tributario

de la Universidad de Barcelona