Los miedos de ZP

Comienza el gobierno y hay una estación que le espera. Las primeras sensaciones son contradictorias. Es como si les invade el miedo a errar, a equivocarse. El programa fiscal se verá a lo largo de la legislatura (o no), la Ley General Tributaria no ser‡ objeto de cambios, aunque sea un auténtico bodrio reglamentarista, abstruso, indeterminado, plagado y pegado a la ventanilla de atención al contribuyente, o sea, una LGT que hace añorar la original.

 

Pareciera que no hay programa tributario, que los viejos mimbres sirven para la actualidad. Y esto no deja de ser curioso porque el partido gana las elecciones, entre otras cosas, con un proyecto de reforma tributaria y en la memoria está la oposición a la LGT en sus términos vigentes.

 

El miedo es mal consejero. Del miedo surgen los lobbies, los corporativismos, las tradiciones, los usos y costumbres. Y no es eso. Este gobierno, por definición, es otro y otro debiera ser su comportamiento.

 

Se sienten opiniones que recuerdan al angustioso período Borrell -Se pretende combatir el fraude los pequeños, por ejemplo, el régimen de módulos, y se nos hace luz la campaña de peinados fiscales. No es esto.

 

El fraude fiscal tiene componentes más relevantes que el tendero o peque–o industrial. Es una paradoja que no se escuche a los propios Inspectores. La recaudación tributaria sufre la ausencia de los grandes contribuyentes, en parte porque la ley lo permite y su aplicación puede arriesgar litigios por décadas. Ahora mismo. por ejemplo hay un colosal fraude en el IVA a través de la importación de vehículos “usados” y productos informáticos, frente al cual la propia fiscalía denuncia la inactividad administrativa-

 

Por otra parte, el andarivel es muy estrecho porque si se ajusta el tratamiento de la gran empresa, de la entidad financiera, de la compañía de seguros, en suma, si se ajusta la planificación fiscal puede originarse un remedio que empeore el resultado, habida cuenta de la apertura del mercado de capitales europeo y mundial.

 

Probablemente, la lucha contra el fraude fiscal de gran trascendencia depende antes de la orientación política para hacerlo que de otros o nuevos instrumentos. En los EEUU se constata que solo un tercio de las sociedades declaran beneficios sujetos al Impuesto sobre Sociedades. Intuitivamente, aquí debe pasar más o menos lo mismo. Pero, no es un problema normativo, sino, de simple ausencia de control en las liquidaciones y los pagos a cuentas.

 

Cualquier pretensión de limitar el fraude fiscal parte de una pura mejora de la eficiencia administrativa e informática, en vez de declaraciones solemnes y grandilocuentes.

 

Pero, una revisión a fondo de la LGT podría servir a ello, teniendo en cuenta que las rigideces burocráticas que se introducen no servirán sino para alimentar las reclamaciones y recursos. Una ley no es ni puede ser un catálogo de entretenimiento, sino una guía abierta, interpretable. Esto sería un buen comienzo. Vale que TVE requiera un Comité de Sabios, pero algunos podrían servir a fines fiscales, si es que se pueden encontrar. (¿Conflictos de interpretación?; ¿Obligados tributarios?; ¿Los recargos como sanciones impropias?).