Revista nº 196. Entre Merkel y Osborne: seis millones de parado. Son los bancos, estupidos.

ENTRE MERKEL Y OSBORNE: SEIS MILLONES DE PARADOS.

Son los bancos, estupido.

 

Tulio Rosembuj

 

 

La ideología supera cada uno de los intereses locales. La ideología dominante es el neoliberalismo financiero. Esto implica un rotundo enfrentamiento contra el papel interventor del sector público en la economía; la resurrección de la política monetaria como instrumento perfecto para afrontar la depresión y recesión y la renuncia al gasto público y a los impuestos sistémicos que puedan financiarlo.

El paro y la crisis de la extinción de la economía productiva son problemas menores mientras no se consiga el equilibrio presupuestario y la reducción de la deuda pública y privada.

El fracaso está asegurado.

Desde los años 30 hasta hoy nunca se sale de la recesión olvidando el gasto público activo, alimentando la demanda efectiva añadida, consumo interno y externo. No se sale aumentando los impuestos regresivos sobre las clases medias y trabajadora, con recortes en su consumo colectivo de educación y asistencia sanitaria. Pero, si esto es archisabido ¿por qué no se hace keynesianismo desde el sentido común?.

Una razón: asegurar la recuperación del sistema financiero global especulativo, el mismo que nos sumió en la crisis de 2008, necesitado de los máximos recursos monetarios que le permitan ocultar sus vergüenzas –no arriesgan capital propio y viven del endeudamiento- y evitar la agresión de la economía a la sombra – fondos libres de inversión, fondos mutuales de dinero, fondos de alta frecuencia- sobre la deuda soberana de países en quiebra o casi.

No hay nada superior al interés nacional. Incluso la ideología suele ceder ante su enseña. Pero, esto, que funcionaba hasta el siglo pasado, ahora gana resonancia internacional.

Esa mezcla e conservadorismo económico neoliberal se mezcla con el interés nacional de los países: por ejemplo, Alemania y Gran Bretaña, formando texto y contexto del neonazismo liberal.

Merkel y Osborne representan lo peor de la ideología dominante. Básicamente, la primera , porque su egoísmo condena a los países vecinos a la recesión, a la desocupación y a la extinción de las garantías sociales que hacen a los derechos humanos y el otro, porque gracias a su restricción del gasto y aumento de impuestos, convierte la depresión en recesión.

De nuevo, el valor de estabilidad alienta la preferencia exclusiva de salvación del capital financiero mediante el sacrificio del pleno empleo, de la garantía de la economía real, de las inversiones sociales.

La alternativa existe y se llama Obama. Pero, si esto se tradujera en políticas innominadas, supondría la recuperación pública del sistema financiero, hasta que sanee su temeraria conducta del pasado, si esto es posible y una activa inversión pública y fomento al consumo.

El coste del paro, de los mayores y de los jóvenes, es un comportamiento inaceptable porque elimina de la vida social a millones de personas y sus familias, la mayoría de las cuales quedará inhabilitada para el futuro.

El coste de un Estado inútil para la tutela y garantía como el último recurso creador de empleo ,implica transformarlo en una organización desviada de su finalidad institucional ¿Para qué sirve un sector público que no respeta la dignidad y justicia de sus ciudadanos?.

La preocupación por el déficit público y el endeudamiento solo responde a los intereses del capital financiero, porque ambos aminoran su relevancia cuando aumenta la demanda efectiva añadida y el empleo.

El capital financiero fue rescatado de su temeridad por el Estado, que le suministra fondos públicos a coste cero y salva sin contraprestación a las instituciones en quiebra. Nadie niega su importancia para el sistema económico; pero, si el modo no público de su rescate. De nuevo, entramos en permitir la especulación a corto plazo, de nuevo alimentamos las burbujas de cualquier tipo, de nuevo permitimos la libertad de circulación malsana de un capital de riesgo que no piensa en su función de crédito productivo, sino de máxima especulación a corto plazo. Es la anécdota entre la rana y el escorpión atravesando el rio: ¿por qué me picas dice la rana? .Porque soy un escorpión.

Una perspectiva fiscal de largo plazo sumaría más gasto, más deuda, siempre que su aplicación fuera social, productiva, sostenible mediante infraestructuras y nuevas tecnologías y actividades vinculadas al ambiente, a la economía verde.

Las contradicciones son tan evidentes que resultan obvias: no hay día que no se produzca un escándalo bancario, que ha hecho de la ilicitud una calificación usual del sistema financiero ni un escándalo tributario de las transnacionales, que han hecho de la evasión fiscal y de la elusión intencional su modo operativo habitual.

El escenario es paradógico: se malgastan recursos financieros y se renuncia a los impuestos que de otra forma se hubieran cobrado; mientras que la estabilidad financiera se busca en los más frágiles, y vulnerables, los menos afortunados.

Esto no ocurriría si el neonazismo liberal dejara paso a un sector público interventor en la política de crecimiento sostenible y protector de la garantía de trabajo para todos.

No es cierto que Merkel y Osborne sean la única respuesta. Al contrario, son la respuesta equivocada, son la expresión del error. La salvación no está ni en el capital financiero ni las transnacionales o las empresas dedicadas a nutrir el cambio climático –las petroleras-.

La crisis europea oscila entre el neoliberalismo nacionalista alemán que perjudica la Unión Europea y el neoliberalismo nacionalista inglés que compite por el mismo afán. El conflicto estallará, si no hay una reacción política suficientemente clara que cambie de ruta económica, o en Alemania o en el Reino Unido o en ambas.

El pleno empleo es un derecho humano. Si no hay trabajo no hay consumo ni ahorro, por lo que tampoco habrá reactivación económica. Si no hay trabajo no hay acceso a la tutela social y educativa. Si no hay trabajo crecen las patologías y comportamientos antisociales.

El coste del pleno empleo es INFERIOR al coste de salvación del lucro bancario. Esta es la diferencia.

La historia termina en otra nueva crisis financiera. Para evitarla, o el Estado da un paso al frente o triunfan de nuevo los menos más afortunados. Vean las fotografías del encuentro de Davos en Suiza para darse cuenta que la tragedia o la tristeza de muchos importa un pito.

Dice Mario Draghi, no sé si cínica o ingenuamente, que no se percibe la estabilidad financiera en la economía real. Ni se percibirá en las actuales circunstancias.

En verdad se impone que, el Estado asuma la dirección nacional del crédito y la función de banquero de inversión.

Una política de posguerra, obediente a la necesidad social, colectiva, económica. Se trata de cobrar la deuda bancaria privada, las garantías asumidas por el sector público mediante la transmisión de todas sus acciones a sociedades públicas. El Estado banquero no lo hará peor que lo que lo han hecho y lo hace la banca privada. Esto no significa que el Estado entre para quedarse. Puede vincularse la reprivatización al crecimiento y descenso del paro.

La responsabilidad exclusiva pública supone orientar el crédito hacia la economía real. Pero, esto implica, al mismo tiempo, una programación económica orientada. Se trata de inversión en infraestructuras materiales e inmateriales, puentes y educación; trenes e internet; libros y oficios. El Estado es el único que puede cambiar las perspectivas de seis millones y más de ciudadanos. Si no se crece al menos al 3% no se disminuirá la tasa de paro en una generación. Para evitar los fallos del pasado se requiere un programa que indique donde se quiere ir, en que compañía y con cuales propósitos. Es el gran momento de la economía verde, de la otra economía, que debe ser pública o no será.

Pero, esto supone volver a tiempos antiguos de intervención del Estado, de empresas públicas, de programación y orientación pública. Si.

El mercado no se puede rehacer por sí mismo y la desregulación, privatización y mrcantilización de los años 80 condujo a estos lodos.

La Unión Europea no lo acepta. No. Alemania no lo acepta y Gran Bretaña tampoco. Será el momento Obama de todos los demás, principalmente, España, Italia, Portugal, Francia, de asumir que la economía o sirve para el bienestar general o no sirve para nada.

Son los bancos, estupido.

El sistema financiero es el claro responsable del fracaso que vivimos. Es absurdo que el Estado y la comunidad paguen por la temeridad de unos pocos ebrios de dinero y poder.

UN EMPLEO NO VALE CUANTO UN BANCO; SEIS MILLONES DE EMPLEO VALEN MAS QUE TODO EL SISTEMA FINANCIERO EN SU CONJUNTO